¿QUÉ ESTOY HACIENDO CON MI CUERPO EN LOS ENTRENAMIENTOS?

En la última entrada del blog tratamos sobre la incidencia que tenía en el corredor popular la información de los medios de comunicación y todo el entorno creado recientemente sobre la actividad de correr.

En esta ocasión reflexionaremos sobre el entrenamiento con el fin de descubrir qué podemos estar haciendo mal o inadecuadamente. Cada día que salimos a entrenar, cada semana, mes, cada año e incluso en décadas, analizamos nuestro progreso en lo que al rendimiento se refiere, pero nada o muy poco sabemos de nuestro estado físico interno y de lo que realmente le está sucediendo a nuestro organismo bajo el punto de vista de la salud.

Lo que a continuación vamos a tratar lógicamente se refiere a corredores populares que preparan pruebas de acuerdo a lo que actualmente se les oferta, cubriendo distancias que pueden ir desde los 5 km hasta carreras de ultra fondo.

En este perfil de corredor el entrenamiento tiene como objeto lograr unos resultados que previamente nos hemos marcado como objetivo, o bien puede salir a correr libremente para gozar de un saludable estado físico. Sin embargo, en ocasiones acabamos más centrados en el aspecto competitivo y social de este deporte que en lo que realmente es fundamental para su buen desarrollo y nuestro buen estado físico. Es decir, nos olvidamos de qué está pasándole a nuestro cuerpo, al que sometemos a constantes y altos estímulos.

Los corredores se ven sometidos a un marketing motivador que potencia la cantidad sobre la calidad, y el resultado es querer entrenar cada vez más. Es entonces cuando las continuas cargas de trabajo hacen que nuestros sistemas tengan que funcionar a un nivel superior, produciéndose cambios y adaptaciones que en muchos casos no son beneficiosos para nuestro organismo, pues frecuentemente nuestra mente va por delante de nuestras posibilidades en relación a nuestro estado físico. Y de esta manera sometemos al cuerpo, sus sistemas y órganos a un estrés por funcionamiento en continua sobrecarga sin dar tiempo a la recuperación. Sin tener en cuenta, además, que cuando en ese entretanto realizamos pruebas o competiciones las circunstancias de estrés físico se agudiza aún más.

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Cuando corremos somos conscientes de lo que nos ocurre por sensaciones externas o perceptibles, como tener sudoración, sed, calambres, cansancio… pero internamente se están dando una serie de fenómenos fisiológicos que no percibimos conscientemente. Para mover nuestros músculos nuestro sistema nervioso, respiratorio, cardiovascular, linfático, renal, etc. se ponen en marcha dentro de un proceso metabólico para suministrarnos energía. Por tanto al correr, bien sea entrenando o compitiendo, ponemos en marcha toda la maquinaria de nuestro cuerpo y la cuestión es cómo y en qué condiciones lo hacemos. Y algo mas importante aún, qué grado de deterioro físico vamos acumulando. Dicho de otra forma, no prestamos demasiada atención a qué nos sucede durante el ejercicio, qué sucede al acabarlo y sobre todo cómo evolucionaremos en el futuro a nivel de salud.

Visto desde esta perspectiva quizá deberíamos tener muy en cuenta que nuestros entrenamientos rutinarios, a esos a los que no les damos demasiada importancia, tienen más de la que les damos en general.

Normalmente el corredor hace un buen seguimiento de su mejora en el rendimiento pero se deja a un lado el seguimiento de los procesos biológicos que se producen en su organismo al realizar ejercicio regularmente. Es decir, deja a un lado lo que realmente es causa y efecto en su salud.

Entrenamos siguiendo unos procedimientos y planes de entrenamiento, los aplicamos, los seguimos y los evaluamos, tenemos estadísticas de tiempos, distancias que nuestro cuerpo va acumulando… pero en realidad sabemos poco o nada de lo que está sucediendo por dentro. En la mayoría de los casos somos incapaces de evaluar el estado global de nuestra salud; y éste es el momento de recordar que corremos para mejorar o, en cualquier caso, no deteriorar nuestro cuerpo. Pero nos lanzamos a la aventura de esta actividad de entrenar corriendo de una manera superficial y sin tener demasiada información o constancia de cómo están funcionando nuestros sistemas, nuestros órganos. Conducimos nuestro cuerpo y no sabemos cómo funciona o que está pasando en él. Por tanto antes de pensar en entrenar y hacer (o que nos hagan) un plan de entrenamiento sería interesante, por no decir esencial, que conociéramos qué repercusión tendrá esa actividad en nuestra salud en cualquiera de sus fases.

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Llegado este momento alguien hasta se podría plantear con muy buen criterio qué es más importante, si correr o entrenar. Y después, si sabemos correr óptimamente desde el punto de vista biomecánico. Podemos preguntarnos también qué criterios hay que tener en cuenta para hacer un plan de entrenamiento y cuál es el más adecuado para cada persona. Qué duración tendrá y cómo efectuaremos un seguimiento de continua evaluación. Así como cuántos planes podemos hacer al año y qué pruebas y test son necesarios para elegir un plan específico.

Éstas son unas mínimas cuestiones que ponen en evidencia que lo que llamamos planes de entrenamiento, requisitos, seguimiento, evaluación, etc. es un campo muy amplio y que lógicamente no vamos a desarrollar explícitamente en esta entrada. Pero sí que desde Correr Fácil aconsejamos que se preste atención en cada entrenamiento al aspecto fisiológico y a la biomecánica del correr, no solo puntualmente por profesionales, sino por nosotros mismos a diario aplicando y desarrollando los conocimientos que previamente se deben adquirir.

Desgraciadamente incidimos más en aspectos accesorios al acto de correr, como su función social, equipaciones, número de pruebras que acumulamos, distancias que somos capaces de cubrir, marcas personales… Pero todo debe estar supeditado a un buen hacer y una buena condición física, porque es indispensable para poder practicar éste y cualquier deporte con salud y con un nivel de calidad mínimo para no perjudicar nuestro propio cuerpo, pues eso sería la antítesis de la esencia del deporte. Tener una adecuada formación, información y un juicio crítico propio es necesario para evitar realizar entrenamientos que solo contemplan mezcla de conceptos o métodos sin base técnica o evidencia demostrada y, sobre todo, sin una personalización adecuada.

Imaginemos conducir un coche sólo con la idea de hacerle kilómetros, sin saber de su estado mecánico, sin preocuparnos de sus indicadores, si lleva aceite y agua. A veces nos ocurre eso a nosotros, nuestro objetivo es hacer distancias, series, cambios de ritmo o ascensos; todo lo que nos pongan a la vista o nos ofrezcan si entrar a analizar la implicación de esos ejercicios ni qué repercusión tendrán en nuestro organismo según nuestro estado o condición en el momento de llevarlos a cabo. Es decir, entrenamos con un método pero no realizamos controles o chequeo de parámetros que controlen el correcto funcionamiento del sistema locomotor y de los elementos internos de nuestro organismo, y por lo tanto con frecuencia somos ajenos a la posibilidad de estar induciendo daños que surjan a corto, medio o largo plazo.

Las típicas lesiones por entrenamiento en tejido muscular, huesos, tendones ligamentos y articulaciones son a las que rápidamente atendemos, y con tratamientos adecuados no suelen dar problemas mayores, pero las modificaciones hematológicas, bioquímicas, las modificaciones en urea o la creatinina, las modificaciones en lípidos y proteínas, las anemias, el aumento de la creatina fosfoquinasa (CPK) que puede afectar gravemente a nuestros riñones, son solo un puñado de ejemplos de la complejidad de posibles daños que podemos provocarnos por no tener información aparente para actuar. La solución en estos casos debe ser preventiva, realizando planes de entrenamiento a medida de cada persona  y controles médicos periódicos.

La parte psicológica no la he mencionado por ser ésta una materia que, aunque es igualmente importante, necesitaría otra entrada para desarrollarla. Es posible que lo haga en otra ocasión, si bien es en nuestros cursos de Correr Fácil lo abordamos plenamente.

Dejo esta reflexión como punto de partida para que al menos pensemos en que lo que estamos haciendo con nuestro cuerpo durante los entrenamientos, no termina al quitarnos las zapatillas ni es sólo lo que vemos. Su efecto perdura más allá y en nuestra mano está que sea en nuestro beneficio o en nuestro perjuicio.

Publicado en Estilo Correr Fácil.

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